No estoy hecha para resistir estos golpes, no tengo la resistencia para llevar un edificio tan alto sobre mi espalda.
Tengo sombreros tan míos, son toda una alegoría.
Uno de ellos lleva tu nombre, lleva tu olor, las caricias de tu pelo, la calidez de tu roce, la ternura de tu piel, tu fidelidad.
Ésta vida que tengo es más tuya que mía, entonces viene acabarla.
Quizás, por un tiempo conviértete en el hombre de hojalata.
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