enero 26, 2012

Fi:r


Las decepciones no nos vuelven frágiles, al contrario, nos hacen toscos y densos.
Estás en el limbo, no sabes si todo te preocupa demasiado
o si te importa una putada.
Pero en el fondo, sólo somos como niños asustados, 
esperando que algún adulto venga a consolarnos y a quitarnos el miedo.
A mí la vida me ha estado trayendo eso desde hace varios años,
y ahora considero que no tengo mínima idea de cómo actuar ante las cosas que me hacen daño.
Nunca llegó ningún adulto a quitarme el miedo, y aquí sigo esperando.
Cuando era niña, en el invierno solía hacer una carpa de frazadas dentro de la casa,
y en la oscuridad de mi pequeño escondite, encendía una lámpara.
Yo aún no puedo creer que algo así de simple me diera tanta sensación de seguridad.
Y hoy, siendo ya mayor de edad, juro que daría cualquier cosa,
por sentirme así de nuevo, aunque fuera sólo un diminuto momento de mi vida.



No hay comentarios:

Publicar un comentario