octubre 23, 2011
Eran todas esas luces, moviéndose mágicamente sobre nuestras cabezas,
y la música llevándose nuestros cuerpos... llevándose todo.
Estás bailando, y parece que la tristeza se ha ido un poco,
pero poco es lo que tardas en darte cuenta de que sigue ahí,
a pesar de todas esas personas que bailan felices a tu alrededor,
a ti aún te duele, te duele el alma y te duele el cuerpo entero,
te duele por dentro y te duele por fuera, y así se queda, doliendo.
Empiezas a ver cómo la nieve cae lento dentro del recinto,
y todo parece más alucinante, como si fuera un sueño, uno bueno.
Tu cuerpo no lo resiste más, le falta algo, y se mueve con violencia.
Estás bailando, estás feliz, pero inmensamente triste, estás bailando, estás llorando,
estás explotando de todas las maneras posibles, estás gritando
pero por más que gritas el sentimiento no sale de ahí,
estás cerrando los ojos, y todo se mueve y es tan perfecto.
Sabes que el momento no será eterno, y lo sientes y lo disfrutas
y te burlas del momento en el que acabe y las paredes de tu escenario se derrumben.
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