julio 24, 2011

Zapatos.

Foto de Sabino.

Ahora se me ocurre que nosotros los humanos, funcionamos como pares de zapatos.
Tú eres un zapato, y yo soy otro, y juntas hacíamos un par.
Pero no puedes hacerte par con cualquier zapato, pues tienen que tener al menos 
un mínimo parecido para que juntos queden bien. O al menos combinar.
Puedes encontrar zapatos viejos pero en buen estado, así como zapatos nuevos pero gastados.
O viceversa, hay mucha variedad.
Yo me considero un zapato de mediana edad, más conservado que gastado. Me iba con cuidado
con las piedras antes, una vez tropezando, no me volvía a pasar.
Hasta que en mi camino me encontré con otro zapato. No era de mi tipo, pero me gustó.
Y creo que yo también a él, así que nos hicimos par.
¿Qué pasó después?
Eso mismo me preguntaba a mí misma hasta hace poco. Digamos que éramos tan mala combinación
como lo es ponerse en un pie una zapatilla y en el otro un zapato de tacón.
¡Qué grave error!
Si me preguntan, yo soy el zapato de tacón, y el otro era la zapatilla.
El zapato de tacón puede ir desde la oficina hasta a una fiesta y se maneja más en lo formal y serio.
La zapatilla... pasa por todo, aprovechando todas las situaciones que se le presenten,
y sencillamente, no puede entrar en el rango de lo formal.
Yo traté de cambiar tus esquemas, y tú los míos. Pero eso no se hace, no si nos resistimos tanto
al sacrificio que significa adaptarnos la una a la otra.
Eso lo explica todo, o no?
A mí me encanta ser un zapato de tacón. Siento que vale la pena.
Y a ti te gusta ser una zapatilla; tampoco lo cambiarías, y no puedo culparte por ello.





2 comentarios:

  1. Y digamos que como zapato de tacón eres genial. Pero las zapatillas deben estar, todos tenemos una. A mi parecer y si valen la pena. Cuidate y piénsalo, aunque no valga mucho porque no somos cercanas te apoyo en cualquier cosa. Un beso Vero :B Y el primer comentario fuí yo, soy algo lenta con esto de los blogs xd. Yeso.-

    ResponderEliminar