enero 16, 2015


Cuando uno está lleno de temores, siente la continua necesidad de vomitar sobre uno mismo.
Yo no entiendo ni la mitad de mis miedos, pero sé bien el por qué de algunos.
Continuo lagrimeo, y continuo deseo de despojarme de mi propio ser, el deseo.
Desearía que todo brillara siempre con la misma intensidad, que las luces no cambiaran.
Pero mi vida es un círculo de luces intermitentes, luces que se debilitan, luces que mueren.
Siento el peso constante de una luz que muere una y otra vez, y no se cansa jamás,
las suficientes veces como para estar apagándome yo,
las suficientes como para transformarme yo misma en una luz intermitente, débil y pequeña.
Sin dirección ni objetivo alguno, reloj en reversa. No hay salida alguna.






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