Yo... casi pude olvidarme de lo que era la soledad. Llegué a sentir que era mentira... pero me arrojaste al precipicio de nuevo, y ya no pude seguir siendo fuerte; me eché a llorar, como siempre.
Es increíble cómo duele, cómo mata, siento que me voy cayendo y no hay nada. Realzas mi soledad de tal forma que quiero a veces sepultarme viva, cuando aparece la nada a mi alrededor y me recuerda que nadie va a sacarme jamás de éste sitio. Ninguna fuerza divina tiene tampoco el poder de sacarme de aquí, donde me caí el día en que nací y mi vida está destinada a ser una mierda que me mantendrá para siempre en las condiciones que me encuentro ahora.
Nadie se interesa realmente, el silencio me explota en la piel y los días caen como edificios derrumbándose sobre mi cabeza, oye, ni siquiera sé por qué estoy aquí. No hay nada más seguro que sangrar, porque está ahí, lo sientes, lo ves, y se lleva fugazmente todo, me encuentro odiando mi cuerpo, mis manos, mi cabello, mi cara, mi piel, mi textura, odio lo que hago lo que digo, odio mis pensamientos, odio mucho, me odio a mí misma. Odio haber creído que era algo, odio aburrir a todos. Odio que nunca hablo de nada, odio que todos mis sueños sean cumplidos por otros, odio ser un fantasma en este puto mundo de mierda que no tiene nada de bueno porque todo termina en la tierra. Porque terminé, a pesar de todo, arrumbada en tu baúl de las cosas que ya no quieres ver, entonces puedo saber que nada de lo que pensé que estaba bien alguna vez en mi, realmente existió.

No hay comentarios:
Publicar un comentario