
Me duelen un montón de cosas, pero la mayoría de las personas que me conocen piensan que nada debería dolerme tanto, porque mi vida no es terrible ni mala. Pero es porque no me conocen. Tengo heridas viejas y profundas, tengo otras recientes o tengo otras desde que tengo memoria. Heridas que aparecieron en la infancia, otras en la adolescencia.
Siendo así, aún podía ser feliz. Sólo pedía una cosa; que no me dolieras Tú, que no fueras otra de esas heridas profundas.
Ni siquiera pedía gran cosa... Tal vez vernos unas cuantas veces a la semana, salir por ahi y andar de la mano, tratarnos bien, reírnos y esas cosas, tal vez estar en casa otros días, escuchar algo de música, abrazarnos, dormir, contarnos cosas, besarnos lentamente, no sé.
Porque ni siquiera lo más mínimamente bonito que pueda haber en mi vida se conserva. Todo es arrasado por alguna especie de demonio o lo que sea que esté conmigo.
Te has convertido en una herida más. Lo peor es que Tú eres la única que duele todos los días.
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