diciembre 26, 2011

Débil.






De repente es obligación ser fuerte. Me gustaría estar entre tus brazos tan seguros uno de esos días de lluvia tan singulares que Julio posee. Me gustaría que me cuidaras, por allá en donde su corta paternidad muere en el 2010. Estar contigo se ha vuelto una especie de droga, como las drogas duras. Me haces estar feliz y sentirme tan lejos del feo mundo. Me haces sentir envuelta en una acogedora manta ante el frío. Haces que me sienta  libre para ser todo lo débil que yo quiera. Se siente bien la debilidad cuando hay alguien cuidando de ti. Soy un animal raro, no sé. No es que tú entiendas algo de lo que me sucede. Lo que pasa es que me proteges igual, incondicionalmente, aunque yo no me sienta preparada para mostrártelo. Quieres mantenerme lejos de todas esas viles patrañas que hay fuera de nuestra manta, quién sabe por qué lo haces. Aunque yo fuera de azúcar, esperaría contigo bajo el cielo desnudo esa lluvia Juliana. Seguramente me mirarías y dirías cualquier cosa que aumente la sensación de que todo tiene sentido, sólo porque tienes la habilidad que yo más amo en el mundo; la de hacer que hasta las cosas mas inútiles parezcan maravillosas, así como la misma debilidad que siento.

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