Soy como la corteza de un árbol que se está resquebrajando,
duele tanto que no me dan ganas de seguir siendo yo,
duele tanto, que tengo ganas de arrancarme la piel.
La vida sigue, o eso dicen. Yo no quería que siguiera sin ti.
Nunca había deseado ser una niña otra vez,
porque a los niños nadie los escucha jamás.
Pero ya no me interesa que nadie me escuche.
Sólo quiero que mi vida sea sostenida nada más
que por las simples cosas que tengo en mi metro cuadrado.

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