Nos miramos desde lejos, de reojo. Como si no existieran las palabras.
Como si no pudiésemos hablar.
Mi cerebro ha procesado tantas frases de pesimismo emitidas por las personas del entorno,
que al comprobar que son verdaderas parece que ya no hay mucho
por lo que seguir haciendo las cosas.
Ni dibujos en tinta ni vómitos.
O tal vez si.
O tal vez si.
Lo que queda es lo que ves.
P.D: Gracias por la hoja con el poema.

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